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viernes, 30 de mayo de 2014

Lo que aprendí de Disney


Bicho Menor está de lo más feliz y muy bien, considerando los fierritos que cruzan sus patitas.

Todo esto me ha hecho pensar en Dumbo. He pensado muchísimo en Dumbo. Y pasar de Dumbo a El Rey León es muy fácil. Y del Rey León, devolverse a La Sirenita y la Bella y la Bestia, más que fácil, ES HERMOSO.

Es casi una herejía tener que aclarar esto, pero por si acaso, La Sirenita es una película cuyo chopetismo-chopeteidad es INFINITO. A los 18   7 años, podía recitar la película COMPLETA de memoria, con canciones incluidas.Tenía, además, un traje de baño con vuelitos rosados que, de acuerdo a mi objetivo punto de vista, me hacía verme totalmente igual a Ariel, sobre todo cuando nadaba y me subía al borde de la piscina representando la mejor y más maravillosa escena de la historia de la humanidad:



Que en mi humilde caso, se veía así:









Yo sé que está de moda echarle la culpa a Disney de todo lo que resulta mal en nuestras vidas. Que Disney nos cagó la onda con el cuento del príncipe azul y las princesas y  el "vivieron felices para siempre".

Pobre Disney. A mí me encanta.

Basta ver los clásicos infantiles de Disney para pegarse la cachada de que los personajes femeninos son el centro de la historia: las mujeres LA LLEVAN, tienen un hermoso sueño (ser humana, tener aventuras que al mundo asombren, encontrar al príncipe azul que yo soñé, tener un alien de mascota, qué sé yo) y pelean por él hasta el final. ¿Qué tal? ¿Qué hay de malo en esto?

NADA.


Si a alguien hay que echarle la culpa por la weá del Príncipe Azul, es al Dios. Pobre Walt Disney, él no tiene nada que ver. Es el Dios el que nos ha proporcionado un modelo de mujer altamente malvado e inalcanzable: LA VIRGEN MARÍA, adolescente de 16 años que nació sin pecado original, tuvo al hijo de Dios y se mantuvo virgen por siempre. Traten de lograr este ideal y ya verán cómo FRACASARÁN irremediablemente.

La Virgen no tiene sueños propios que alcanzar: un ángel le dijo qué hacer.  La Virgen no conoció el amor: es VIRGEN. La Virgen es MADRE. MADRE y VIRGEN, AL MISMO TIEMPO, chúpense esa y retúerzance ante la imposibilidad de lograr semejante combinación. Traten, a ver si se les aparece un ángel dorado y les engendra al Hijo del Dios en su vientre. JA!

Todavía recuerdo mis horas de religión-colegio de monja- en que nos hacían pintar a la Mater Admirable, que, básicamente, era una pendeja de 15 años, hilando ropa y rezando, mientras EL HIJO DE DIOS crecía en su vientre, y la pobre no había agarrado ni siquiera un pico. Ni siquiera por sobre la ropa. NADA.



Todas esas horas de dibujos, podría haber estado pintando a las Princesas Disney. ¿Quién no quiere ser como ellas? Más encima, es mega fácil. Hay que seguir los siguientes pasos (y ninguno de ellos, involucra la aparición de un ángel ni el parto de un hijo por el ombligo, para no perder la virginidad, ORSBVIO):

PASO 1: ten un sueño, no importa lo imbécil que sea, nadie te va a juzgar.

Quiero mi propio restaurante.

Quiero una mascota.

Quiero aventuras que al mundo asombren.

PASO 2: aperra y juégatela por el sueño. Da lo mismo cómo, en el mundo de Disney, TODO vale. Ir donde brujas satánicas, hacer tratos con los malos, generar síndrome de Estocolmo, bailar con extraños en el bosque, lleva a un alien a tu casa, etc, etc, etc.



Me escapo de la torre.



Me meto al ejército disfrazada de hombre.

Voy donde la bruja.


PASO 3: logra tu objetivo..

Soy humana, vamos conchamimadre!

Recuperé a mi hermana, vamos conchamimadre!

Volvimos a la casa o algo así. Hace tiempo que no veo esta película.


PASO 4: canta TODO el rato (por eso yo canto tanto)




Y me veo IGUAL.

Como pueden apreciar de esta detallada enumeración de pasos, NINGUNA princesa Disney es virgen y madre al mismo tiempo. Ninguna princesa Disney es virgen. De hecho, son más calientes que la cresta: un mino les mueve los ojitos claros, y ya lo dejan todo por él (léase, por ejemplo, Ariel, Blancanieves, Aurora). Bien por ellas. Es más, no todas las "princesas" Disney SON realmente, princesas. NO. Pero las incluimos en la lista de princesas porque son mujeres y punto. LA ZORRA.

El mito del Príncipe Azul NO es culpa de Disney, ni cagando. El mensaje de las películas de Disney NO es encontrar a tu príncipe azul, NADA QUE VER. El mensaje es hacer la weá que quieres hacer y si, en el camino, encuentras a un mino, bien por ti. La Sirenita no se trata de una sirena que busca el amor de su vida. NO. Se trata de una pendeja que quiere ser humana, conoce a un mino, y tiene más razones entonces para querer ser humana. El Rey León se trata de un león que quiere recuperar su reino. Blancanieves se trata de una pendeja escapando de su madrastra y cuidando enanos.

Encontrar a tu príncipe azul, si estás dispuesta a aceptar matices en el color azul -que para algo están los celetes, el azul paquete de vela, el azule cerúleo, etc.- es bien réquete fácil. Y si no estás dispuesta a aceptar matices, me pregunto ¿quién habrá metido esa idea weona de perfección en tu cabecita, cuando apenas eras una niña? ¿No habrá sido, por ejemplo, tu profesora de religión, cuando te contó el cuento de la Virgen María? ¿Cuando te dijeron que lo PERFECTO era engendrar al hijo del Dios y, de alguna forma que, ciertamente, no puede involucrar parto normal, mantenerte Virgen por siempre?

Esa weá  sí que es inalcanzable y de un solo y único color azul: el color VIRGEN.

El ideal  femenino que te repiten en el Colegio de Monjas, con el descaro más absoluto, es, a falta de ser María, ,  ser la "señora" de un gran político, la "señora" de un gran empresario, la "señora" de un gran hombre, porque, claro, nuestro modelo femenino es la "madre" de Dios. No es María. Es María, la madre de Dios. No es Pepita. Es Pepita, la señora de Fulano.

Eso son las mujeres. Algo de alguien, énfasis en ese alguien.

En cambio, las princesas Disney son ellas: es Ariel, la sirena rebelde con mal de Diógenes. Bella, la lectora del pueblo en busca de aventuras que al mundo asombren. Aurora, la que NO quiere ser princesa, sino vivir en el bosque, cantar, recoger fresas y esperar a su mino. Blancanieves, la que manda a esos Enanos weones que excavan joyas para ella. Jazmín, la que no quiere casarse si no es por amor y tiene un tigre de mascota. Rapunzel, la que se escapa de su torre para sapear el mundo. No es Ariel, la señora de Eric. Pico con Eric. En estas películas, los hombres son una vil excusa para movilizar la trama. En la Biblia, en cambio, la weá es al revés: el que manda es Abraham. Sara se puede ir a la cresta y a nadie le importa. Les apuesto a que ni saben quién chucha es Sara. En las películas Disney, en cambio, los príncipes con cueva tienen primer nombre: ¿Cómo mierda se llamaba la Bestia? SEPA MOYA. ¿El Príncipe de la Cenicienta? SEPA MOYA.


A diferencia de la Biblia, Disney me ha enseñado muchas cosas HERMOSAS que no tienen que ver con el Príncipe Azul ni con ser una mujer mueble, como, por ejemplo:

1. Es normal hablar con los animales. Todo el mundo lo hace.

Prueba 1:



Prueba 2:


Prueba 3:


2. Ante la duda, canta.

Todo se arregla cantando. Limpiar es más entretenido cantando.



Hasta puedes cantar sola, para ti misma, en compañía de tus Bichos.

En la Biblia nadie canta. En misa sí, pero seguro esa weá se la copiaron a Disney.

3. Si te gusta un weón mino, juégatela. No te quedes esperando como las weonas.

La Sirenita podría haberse quedado esperando que Eric la notara. Pero no: fue donde la bruja mala y salió a perseguirlo. HAY QUE TENER COJONES.

4. Los príncipes son buenos partidos.

DUH! Pregúntenle, si no, a Kate Middleton.

5. Los 16 años son una edad perfectamente legítima para encamarte con un sujeto.

Así es. Porque esa es la edad promedio de nuestras queridas princesas.

6. No le hagas caso en todo a tus papás.

7. No confíes en extraños. Envenenan manzanas y ruecas.

Lógica elemental.

8. Si tú no te la juegas por lo que quieres, nadie lo hará.

GRACIAS DISNEY, TE AMO.



martes, 27 de mayo de 2014

Necesito un escritor fantasma



Hace días que no puedo escribir NADA.

Onda NADA.

Me siento, abro mi blog y pienso en las weás divertidas que hay en mi cabeza, en cómo contarlas y cuándo, qué dibujos hacer y la weá. Pero solamente pasa esto:





Nada más.


Ni una palabrita. Ni una sola historia. NADA.

Parezco venado encandilado con las luces de un auto y lo único que se me viene a la cabeza es esa canción weona de Alberto Plaza, yo no puedo ser perfeeeeeeeeeeeeeecto, tengo miiiiiiiiiiiiiiles de defeeeeeeeeeeeectos, tengo lágrimas, teeeeeengo corazón.

Mi mente es como una gran agujero negro, no hay ni una weá en ninguna parte, salvo por ganas incontrolables de comer chips de jalapeño, porque por la puta que son buenos. Los venden en el Ok Market. Capaz que hasta pase a comprar. ÑAMI.



Tengo como 15 entradas guardadas en la carpeta satánica que dice "Putos borradores", de los cuales he podido terminar, EH, NINGUNO. Algunos hasta están semi decentes. Solo semi. Y no he hecho ningún dibujo. Ni un mono, ni una weá.

Creo que es culpa de mi Bicho Menor. Porque el pobre quiltrófilo indecente tiene un defecto genético GRAVE, que, básicamente, significa que sus manitos están dobladas en ángulos extravagantes, que le impedirán caminar en solo un par de añitos más. El término médico es como "displasia de codo" y algo más, pero es, en realidad, básicamente esto:



El jueves pasado, lo operamos. O sea, no yo, obviamente. En realidad, le pagamos a gente seca para que lo operaran y le arreglaran sus patitas de adelante.

POBRECITO CONCHAMIMADREEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE.

Lo fuimos a ver el mismo jueves en la tarde, a la clínica. Estaba con ojeras -SÍ, CON OJERAS- y carita de pena, pero se puso tan réquetemega feliz al vernos, y movía su cola negra como la noche oscura, inflando sus cachetes indecentes con llantos/ladridos de amor, mientras trataba de apoyarse en su patita llena de fierros, weá que, nadie puede decirme lo contrario, es una de las escenas más miserablemente conmovedoras del mundo,





porque si a mí, por ejemplo, me agarraran mis papás y sin preguntarme, me llevaran a un lugar que no conozco, para despertar después en un canil, con mi mano izquierda llena de fierros y puntos, ni cagando estaría feliz al momento de la visita.


NI CAGANDO.

Les diría: Viejos reconchasumadre, qué mierda me hicieron, parezco Robocop y me siento como el pico, los voy a mataaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaar.


Pero no. Mi Bicho Menor es tan deliciosamente exquisito, que los doctores de la clínica le pusieron "el paciente feliz". El weón es tan bruto, que mueve su cola enorme todo el día, feliz de que lo vayan a sapear a su canil, mientras se pegotea a la puerta para que le hagan cariño a través de las rejas.

Sí. Porque no pueden sacarlo a cada rato. Así que cada vez que hemos ido, desde el jueves, solo podemos hacerle cariño a través de las rejitas, situación que, inevitablemente, me recuerda a esto:




Y que alguien me diga lo contrario, pero NO HAY WEÁ MÁS TRISTE ni que me haya traumatizado más indeleblemente que la mamá de Dumbo cantándole Hijo mío, mi amoooooooooooooooooor, deja ya, de lloraaaaaaaaaaaaaaar. (Sí, yo le canté eso a mi Bicho Menor, y qué) (Sí, también lloro cada vez que veo esa escena).

Más encima, mi Bicha Mayor anda con la depre máxima, porque hace casi CINCO días que mi peludo chico no está en la casa y por la puta que se porta como el hoyo, pero por la puta que lo echamos de menos.

Hoy día vamos a ir a buscarlo y lo llevaremos a nuestra casita. Veremos ahí si se me ocurren weás divertidas que escribir.


BUAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH

martes, 20 de mayo de 2014

La histeria salva vidas



Inspirada en una conversación por Twitter.


Que las mujeres somos histéricas. Alteradas. Que gritamos por nada. Sí.

A todos quienes piensen esto, yo les digo: Amigos, LA HISTERIA SALVA VIDAS.

Caso de estudio número 1: corría algún año indeterminado de mi pololeo con Marido. Retozábamos en la piscina junto a mi madre, mi prima mayor y su primogénito. De pronto, zás, primogénito se cayó al agua y es enano, NO sabe nadar.


Reacción: mujeres rajan a la piscina a salvar a la criatura.


Marido se queda sentado y, a lo lejos, mientras sorteamos los obstáculos para tirarnos al agua, lo escuchamos afirmar con absoluta certeza: Pareze que el Joze ze eztá ahogando.




Gracias, Marido. De verdad que no nos habíamos dado cuenta.

Caso de estudio número 2: invierno gélido del 2012. Bicha Mayor tenía tan solo 3 mesesitos. Era enanita y olía a perfección. Estábamos jugando con ella en el jardín, cuando de pronto, se acerca saltimbanqueando al borde de la piscina. Yo le dije: Bicha mala, NO!


 Pero ella me miró con sus orejas gorditas y se TIRÓ AL AGUA LA MUY CULIADA, sin ponderar en su mente de Bicho infausto que NO iba a poder nadar porque su cabezota pesa más que su cuerpo y que hacían cien mil grados bajo cero.

Reacción: yo me tiré al agua a rescatarla. Marido, en cambio, se dirigió a paso lento al hogar a buscar una toalla.



UNA TOALLA, CONCHAMIMADRE.

Caso de estudio número 3: Marido se compra anteojos nuevos y es feliz. Le salieron caros. Marido es muy lerdo. Se encuentra entonces en el muelle, en Rapel, conversando con mi padre, cuando debido a un gesto descoordinado, bota ÉL MISMO SUS PROPIOS ANTEOJOS al lago, los que se empiezan a hundir rápidamente en las aguas llenas de caca de chancho.



Reacción: Mi papá se caga de la risa, mientras Marido corre (sorprendente) NO a tirarse al agua, sino en dirección a la casa, trayecto durante el cual se encuentra conmigo.



Le pregunto:




Yo:



CASO CERRADO.

(No. Obviamente, no encontró los anteojos)

miércoles, 14 de mayo de 2014

Infantes fallidos


Todo infante consentido ha tenido su buena dosis de mascotas fallidas.

Esas mascotas que no se ajustaron a nuestras para nada inalcanzables expectativas, posiblemente adquiridas gracias a Scooby Doo y Lassie. Esas mascotas por las que rogamos y réqueterogamos a nuestros padres, jurando con ojos brillosos y dirigidos al cielo, que las cuidaríamos SIEMPRE que las limpiaríamos SIEMPRE que las amaríamos SIEMPRE que les daríamos comida SIEMPRE y todo sería mágico y hermoso y sin comas, weá que, obviamente, se extendió hasta la primera vez que nos encontramos con meado de conejo en las manos.



Digo "mascotas fallidas" así, entre comillas y en cursiva y la weá, porque, en realidad, los únicos fallidos éramos nosotros, infantes asesinos agita bolsitas de pececitos y nuestros padres, que en algún momento delirante de la crianza -no los culpo- accedieron a nuestras wevonas súplicas de TENER AHORA YA AHORA AHORA un animalito A QUIEN AMAR HASTA ASFIXIARLO.

Y quiero decir acá, al principio de este recuento, que no hay NADA que deteste más que la tenencia irresponsable de mascotas, pero, ciertamente, no podemos responsabilizar a nuestro ser infantil de su demencia e irresponsabilidad y, así, a modo de mea culpa, las que siguen fueron mis víctimas de infante fallida, por las cuales pido disculpas y me arrepiento:

1-. La Topita. La Topita era una coneja (o?) de prístino cabello blanco y mojones lo suficientemente atractivos para mi asquerosidad infantil, que me hacían perseguirla para recogerlos y guardarlos en cajitas de fósforos.


Pobre Topita, mi mamá me dijo que estaba triste y se había ido para estar con su familia, lo que a mí me pareció un claro indicativo de que yo era bien repenca como madre putativa, porque la Topita, previo a su corta vida conmigo, residía en una jaulita en el Pueblito de los Dominicos.

Como se podrán imaginar, a la pobre coneja se la comió un gato.

2-. La Nicole. La Nicole era una cocker spaniel más weona que la re mierda a quien, con mi inexistente paciencia infantil, no pude enseñarle nada y que, además, me enfurecía con su bajo coeficiente intelectual, sobre todo cuando yo le hacía cariño a través del vidrio y ella se ponía feliz igual (sí, los niños son perversos, que no les hagan creer lo contrario).


Esta historia terminó con un ajuste de cuentas entre la pobre y pava Nicole y la Nadia, la pastor alemán que mi padre rescató de una vida de miseria y que, por celos, casi le sacó una oreja a la pobre cocker. Nicole sobrevivió, pero debimos buscarle una nueva familia.

3-. Los pollitos de mi hermana del medio linda. En estricto rigor, esto no es una mascota. O sea, más o menos, porque, en realidad, es la única mascota que un niño está capacitado para cuidar. Mi hermana del medio linda, en esa época en que era asquerosa y tiraba mocos enormes a la menor provocación, estuvo un largo tiempo con una tos de perro horrible. En su débil mente infantil, por razones que nadie conoce, se forjó la noción de que sus toses liberaban "pollitos", lo que, obvio, quién no, ella creyó que eran pajaritoshijosdegallinas.

Así, durante esos meses, mi hermana se paseaba por la casa con ojos gigantes de soberbia y superioridad moral -yo no tenía ni producía pollitos- aferrada a un tarro de metal, en el cual tosía sus pollitos, los "atrapaba" y los ¿cuidaba?

ASQUEROSA LA WEÁ.



4-. Emperador, Emperatriz y como cuatro nombres más, de los que no me acuerdo, pero igual de chulos. Esta fue la época en que yo y mi hermana del medio linda decidimos tener canarios y catitas, también adquiridos en el Pueblito de los Dominicos, porque jurábamos que les íbamos a poder enseñar a cantar.

Hubo un momento de casi éxito, cuando a una de las Catas le podíamos hacer cariño y ponerla en nuestro hombro (a lo mejor, esto último lo soñé) y nos jurábamos BlancaNieves en el bosque, con los deditos extendidos y los pajaritos posándose en ellos para cantar.


Sin embargo, la gracia se acabó pronto, cuando descubrimos que la mierda de pájaro es más hedionda que la conchamimadre, que el Catito se comió los huevos de la Catita, que los gatos son unos culiados malos que en las noches trataban de desplumar a nuestros pajarracos y, por último, que los pajaritos, a veces, se resfrían y se mueren.

4-. Briancito. Debo aclarar acá que esto ya no es infancia, sino franca y abiertamente, adolescencia, de modo que no puedo siquiera justificar por qué a alguien, en su sano juicio, se le podría ocurrir ponerle BRIANCITO a un conejo.

Este animalito me fue regalado para mi cumpleaños por unos amigos, sin que yo quisiera uno ni nadie me preguntara (Nota aparte: no hagan esto, por favor, salvo que sepan a ciencia cierta y darían un coco-goma por ello, que el regalado quiere un bichín de amor).

Briancito era bastante simpático e inteligente, le gustaba el kuchen de nuez, el plátano y la manzana. Se comió todo el patio interior de mi papito, incluidos los ajíes putamadre y una vez (el conejo, no mi papá, gracias) se picó conmigo y me meó la cara. (para los que quieran saber, sabe a cerveza negra)

Lejos el mejor atributo de Briancito eran las peleas a combos que tenía con Tomás, el perro siútico de mi hermana, en que triunfaba gracias a su certero gancho izquierdo y sus ruidos de combate, que eran algo así como "tucu tucu tucu". (Nadie me cree esta weá. JURO QUE ES VERDAD. LO JURO)


Finalmente, mis padres decidieron separarse por un tiempo, y con el cambio de casa tuve que dejar a Briancito, quien ahora vive en el norte y tiene un harem de conejas (no, esto no es un eufemismo para decir que lo matamos).

5-. Tomás. Tomás no fue MI víctima, sino la de mi hermana del medio linda que quería un perro AHORA AHORA AHORA.

Este curioso Yorkshire Terrier era un hijo de la gran san puta,  que no sólo se meó en mi vestido de fiesta de quince, sino que, además, fue protagonista de variados incidentes como:

- la vez que se zampó los chocolates de las botas de Navidad para luego arrastrar su culo diarreico por las alfombras en un genial bailecito.



- TODAS esas MILES de veces en que se escapaba de la casa a buscar minocas, para llegar exhausto y después de días, cubierto en mojones propios y enredos de pelo, lo me generaba gran placer, porque mi hermana del medio linda tenía que proceder, entonces, a agarrar a la mata de caca, meterle el poto en una bolsa de jumbo y bañarlo.


- Morderme, perro de mierda.

Se lo comió un pitbull asesino. No culpo al Pitbull, porque la pelea la empezó Tomás,  pero lo siento por él.

6-. La Phoebe. El único gato que mi familia ha tenido en su vida. Me lo regaló mi papá, porque yo quería uno AHORA y él, amoroso, partió a la tienda más cara de Santiago, donde pagó CIENTO CINCUENTA LUCAS por un gato, porque, cáchense esta, ESTABA EN OFERTA.

Se supone que la Phoebe tenía una raza rara (eh, no) y odiaba al mundo, por lo que decidió escaparse de los brazos de mi padre en el estacionamiento del mall y meterse debajo de su auto, lo que produjo el hermoso resultado de poner a mi padre de guata en el suelo, transpirando y gritando GATA CONCHATUMADRE WEÓN VEN PA'CÁ, SOY WEÓN OOOOOOH.


Pudo llegar, sin embargo, a mi hogar, donde fue recibida con infinito amor y la rápida comprobación de que los gatos me producen alergia-asma en menos de 1 minuto. Conchamimadre, era el gato más feo que había visto en mi vida. Eran tan, pero tan fea la pobre -después se hermoseó con la edad- que cuando la vi por primera vez, pensé que mi papá me había comprado uno de esos gatos que parecen mano humana.

Igual compartimos casi 10 años juntas, los que incluyeron su primera camada de gatitos -la muy puta se escapó de la casa y volvió preñada y NADIE me dijo que las gatas no sangraban durante el celo, qué sabía yo, maldita irresponsable, que siempre había tenido perros- la ira de mi madre cuando decidió rajar las cortinas nuevas, y los regalos que me dejaba en las noches de verano, o sea, esto:





Lo que daba lugar a esto:


Y una vez, maestra, esto:


Cuando me casé, la Phoebe ya estaba más viejita y se quedó en la casa de mis papás, y luego en la de la Mónica, donde murió a sus 15 añitos.

Eso es todo. Todas mis mascotas fallidas. Actualmente, el Enano tiene un erizo de tierra. Les cuento cuando ésa falle también.

Cuiden a sus bichos!


domingo, 11 de mayo de 2014

Álbum vacacional


He vuelto.

Ni en gloria ni en majestad, ni tampoco, lamentablemente, doradamente bronceada, porque soy más blanca que la cresta y el tostado fascinante es una fantasía inalcanzable para mí.

Se acabaron mis vacaciones y llega la triste hora de enfrentar la rutina del día a día, pero antes, un recuento fotográfico de estas dos semanas:

Todo periodo de vacaciones se inicia con la tragedia cósmica que significa dejar a mis Bichitos en su hotel perruno. Como soy madura, totalmente adulta, responsable y capaz de controlar mis emociones, mi estado interno ni cagando es el que muestro a continuación:



Para nada.


Este año, Marido me lavó el cerebro y de alguna forma, acepté irme de vacaciones a un CRUCERO EN EL CARIBE. Marido dijo que era de lo más chópeti, playas distintas todos los días, hermoso, blah. Yo, ojo, no soy  vacacionista aventurera alguna y desprecio profundamente a quienes utilizan sus escasos días de feriado legal en producirse ampollas gigantes en las patas, cargar carpas y cagar en baños asquerosos, de modo que me dejé convencer, a pesar de que la idea de estar encerrada en un barco gigante parecido al Costanera Center, con miles de viejos y cañerías de cacas, no me parecía demasiado atractiva.

Lo siento. Yo soy a la antigua: denme mi todo incluido a la orilla de un mar calipso-arena blanca y, de preferencia, ciudad hermosa para recorrer, con alcohol gratis las 24 horas del día y soy feliz.

¿Crucero? No tanto.





Esta hermosa fotografía (?) nos muestra en el primer día de nuestra soñada travesía por el mar caribe, que, más que soñada, simplemente, olió a caca. Oh sí. Porque la pieza que nos dieron, aunque con balcón y sillas prístinas, contaba, además, con un baño de cuyo lavatorio salía olor a, a ver, cómo decirlo, MIERDA HUMANA.

Sí, nos cambiaron de pieza después de un día. Y sí, nos dieron un 15% de descuento para el próximo crucero, crucero que, obviamente, jamás se hará.


Hay algo que Marido no me reveló cuando me convenció de ir a un crucero. Él dice que se le olvidó. Yo digo que es un conchasumadre hombre muy malo. Porque en los cruceros la comida es en mesas grandes, en que te sientan con gente que en tu perra vida has visto.

HORROR. La gente, en realidad, no me gusta demasiado, especialmente cuando esa gente consiste en 6 personas de la CUARTA edad, una de las cuales NO escucha, otra de las cuales ALEGÓ toda la comida, otra que se peleó con el mozo, otro que insistía en hablarle en español al mozo que solo hablaba inglés y otro que me habló al oído las TRES largas horas que duró nuestra comida, entrada, plato de fondo, café y postre incluido.

CONCHAMIMADRE MÁTENME AHORA. Afortunadamente, ni el homicidio ni el suicidio fueron necesarios porque fuimos a poner ojos redondos y llorosos al organizador del comedor y nos dieron una mesa para dos.



Como ustedes ya se habrán percatado, mi humilde personita suele atraer las más curiosas experiencias, weá que, obviamente, no podía faltar en este viaje. Caminábamos hacia el barco, de vuelta de la playa, yo, obviamente, MORADA por el sol, cuando un rastafari de la isla se me acerca, me grita

YOU ARE BURNT, MAN! y, sin ningún tipo de consentimiento de mi parte, procede a sacar una hoja de Aloe Vera de su mochila, la parte en dos y me empieza a esparcir la baba del Aloe por todo el cuerpo. Mi amigo, nada tímido, me baboseó con Aloe Vera con máxima concentración y sin saltarse ni mi escote, para después abrazarme, lograr que le compráramos Aloe y, más encima, que le regaláramos una cerveza.

Marido dice que la culpa es mía, que yo le hablo a todo el mundo.



 Esta imagen, titulada "Marzela, un pezcado me mordió la teta" ocurrió en Santa Lucía, una hora antes de volver al barco.

Marido se estaba bañando en el mar, cuando de pronto, lo veo corriendo hacia mí y gritando:

- MARZELA, UN PEZCADO ME MORDIÓ LA TETA!-

Yo, obviamente, me quedé así como WHATTHEFUUUUUUUCK y él, muy pedagógico, me señaló: MARZELA, UN PEZCADO ME MORDIÓ LA TETA.

No fue un pescado. Fue una medusa, y después de frotar la teta el pectoral con limón y ron, cortesía de la dueña del bar de la playa, no hubo mayores complicaciones.



Sin duda, esta fue la mejor parte del viaje: en Barbados, conchamimadre, alegría infinita, me metí al mar con mi máscara de snorkel Y NADÉ CON TORTUGAS DE MAR. No es que haya ido a un Sea World o cualquier otra weá tortura animales. NO.

Barbados es tan mágico que me metí al agua, nadé, pasé sobre cientos de miles de peces hermosos y llegué donde las tortugas, que se acercan a la gente porque son sapas y quieren comida. Conchamimadre, las weonas LINDAS.

Y con esto, doy fin a este recuento vacacional y vuelvo a la realidad santiaguina pero, también, a mis Bichitos lindos y mi blog.

Nos vemos el martes.