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jueves, 2 de octubre de 2014

Espiquing Inglich Mai Frend 2nd Part


Continuando con el dramón de ser nueva estudiante, la siguiente sección, cuyo número no recuerdo y respecto del cual soy muy floja como para devolverme al post anterior a sapearlo, se llama:

Quiero tener un millón de amigos (y así más fuerte poder cantar)



Es muy triste llegar a una ciudad y no tener amigos, sobre todo cuando tu único amigo es Marido y tus Bichos. La weá deprimente, no hay casi nadie con quién hablar y de pronto el mundo parece un lugar peor.

Peeeeeeeeeeeeero, hay en estos cursos de LLM una cierta desesperación por ser como Roberto Carlos y tener un millón de amigos, y la cagó que yo no quiero ser amiga de todo el mundo. Es más. Lo cierto es que quiero ser amiga de bien poca gente, porque soy muy mañosa y hay muchas cosas que me dan rabia.

POR EJEMPLO: No quiero ser amiga de la gente que vino a carretear no más, porque hay que ser bien imbécil para gastarse no sé cuántos miles de dólares en un LLM para andar weveando en Nueva York. En volada que si te chorrea la plata por los bolsillos, buena onda por ti y ojalá te alcoholices hasta reventar tu hígado de todo lo que vas a carretear. Pero entiende lo siguiente: NO voy a ser tu amiga. NO voy a ir a tu rooftop party en que una cerveza miseria cuesta 14 dólares. Ni tampoco me verás en la fiesta electrónica de la pichulita. NO.

Marido, en cambio, quiere ser amigo de medio mundo, más por miedo a la soledad que por amor a la humanidad y le da rabia cuanto gente detestable no lo invita a sus juntaciones, aun cuando él les habría dicho que no, porque le dan infinita paja y aun cuando en la actualidad, se está quejando de que ya tenemos "demasiados" amigos. En cambio a mí me complace profundamente que los weas cachen que no tienen que invitarme a sus juntaciones, porque ni cagando me quiero juntar con ellos y está bien que todos lo tengamos claro.

Por otro lado, vivir fuera del campus de la universidad limita enormemente tus posibilidades porque por la puta que me da paja pegarme el pique desde Brooklyn a Manhattan para ir a comer hamburguesas que son más baratas en el primero, ¿ok?


Próxima sección:  Bésame, bésame mucho.

Sin perjuicio de lo anterior, como además de mañosa soy bien amorosa y aparento gran estabilidad emocional y amor por la vida, ya tenemos un par de amigos con los que salimos a veces. La cosa es que en estos lugares del mundo la gente es muy rara y a los amigos no se les saluda ni de abrazo, ni beso ni manoNOMETOQUES.

Y la weá es altamente perturbante e incómoda para mí, porque en vez de la normal Chilean way, te ves en la situación siguiente:


Siento que se me están desarrollando brazos de velociraptor de tanto andar con las manos pegadas al
torso, para NO TOCAR A NADIE.




Ni se te ocurra, sino que andar sacudiéndolas como weona cada vez que digo HIIIIIIII. Y ay de ti que se te olvide, porque el otro día me acerqué a un gringo amoroso con el que fuimos a comer después de clases, a despedirme de beso y el pobre humano se puso morado y su cabeza empezó a girar sobre su propio eje. TRÁGAME TIERRA.

Canadienses, europeos y latinos, por su parte, son bien dados al besuqueo y nos regocijamos en lo hermoso que es extender los brazos y babosearnos los cachetes y en lo raro que son los gringos.

La sección que viene es sobre los chilenos amorosos y los chilenos antipáticos. Los chilenos amorosos me encantan y a veces nos juntamos con ellos y comemos pebre y tomamos vino, o nos hacemos los gringos adinerados y vamos a comer brunch. A los chilenos antipáticos, en cambio, los aplastaría con un gran martillo y los mandaría embaladitos en scotch café a Chile.


Porque hay que ser muy re wea para venir a estudiar a Nueva York, ver a otro chileno y sin ni siquiera cachar si pertenece a la etnia de los chilenos amorosos o antipáticos, decirle:

- Oye, weón, hai cachao que hay harto chino acá-

Y lo que el tarado espera es que tú le respondas algo así como:

-La cagó los weones, weón, yo no soy racista, pero igual me dan como asco-

Y en vez de eso, se encuentran conmigo y mi cara de:


Sí. Porque hay que pertenecer a una clase muy singular de imbecilidad humana como para sentirse autorizado a ventilar ideas racistas o clasistas con gente que NO has visto en tu vida y con la cual no tienes nada más en común que haber nacido en una larga y angosta franja de tierra.

 Y la próxima vez que escuche, por SEGUNDA vez la historia de los chilenos en un bar gringo gritando Pinochet-Pinochet, JURO que voy a matar a alguien y lo voy a vender en pies de carne, como en Sweeney Todd.



Por último, y para cerrar con pensamientos más positivos, ser estudiante tiene ventajas muy hermosas para mis Bichos, porque estamos todo el día baboseándonos en el sillón y leyendo. Sin embargo, hay cosas muy tristes, como que mi presupuesto ya no alcanza para mi Starbucks diario, weá que me hace sentir profundamente miserable, sin perjuicio de que mi vida actual me permite tomar desayuno todos los días en mi departamento, situación que no ocurría desde tiempos ancestrales.

En conclusión, It's up to you, New York. New Yoooooork!