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jueves, 28 de mayo de 2015

Procedimiento para decidir si destacar o no un libro


Cuando era estudiante de derecho en Chile, hermoso país perteneciente al perfecto sistema de derecho continental, mi vida giraba en torno a apuntes míos, apuntes de otros estudiantes que había fotocopiado, fotocopias de anillados weones que los profesores dejaban en la fotocopiadora o subían a la página y nosotros imprimíamos, o libros weones fotocopiados que también estaban en la fotocopiadora y que nunca me leí (eran de comercial, PUAJ).

En cambio, aquí en los Estados Unidos de América, estudiar en base a libros es lo que se usa, porque a estos gringos les da un aneurisma de solo pensar en fotocopiar material COPYRIGHT, así que dale no más, hay que comprarse los libracos por Amazon, siempre fiel y más barato que la librería de NYU.

El problema de todo esto es que llegado el momento de estudiar, te verás enfrentado al más grande dilema que puede ponderar un estudiante de derecho:






¿destacar o no destacar?

La weá es peluda, porque salvo que seas un salvaje no-civilizado, destacar un libro se siente como un gran sacrilegio de carácter permanente y continuo, como el secuestro, excepto que nunca podrás liberar al libro de su cárcel de imborrables líneas fosforescentes, así que en verdad es como un secuestro en concurso con homicidio.

 CALIFICADO.

Como todo criminal con algo de consciencia moral, la primera fase de este tortuoso camino será preguntarse una y otra vez si destacar o no el libro. ¿Es REALMENTE necesario? Y, en realidad, esa parte de tu conciencia que no está corrompida por ya haber destacado el Código Civil Y la Constitución completos Y de distintos colores, te dirá que NO; que destacar un libro es ir un paso más allá, en dirección a la perdición absoluta.

Por vez primera desde hace siglos, te comprarás entonces un lápiz a mina, para subrayar el libro weón y después, poder borrarlo, seguro que después de los exámenes pasarás tu tiempo libre eliminando esas tentativas líneas grises que hiciste en tus largas horas de estudio ( o no).

Con el lápiz empuñado y el pecho henchido de orgullo por tu conciencia de bibliotecaria-los libros no se destacan, harás las primeras líneas.



Y la weá es como el gran pico, porque la punta del lápiz mina no es hermosa como la punta del destacador, que te permite hacer líneas rectas así sin mayor esfuerzo artístico. NO. El lápiz a mina es un conchasumadre mal agestado, que hace que tus apuntes queden así:



Este es el momento de tomar una nueva decisión: necesitas una regla. Desde geometría y las bisectrices weonas que no tenías una, pero capaz que la tarjeta de débito sirva.





No sirve. Además, el lápiz mina de mierda es un culiado muy malo, que sin previo aviso y a medida que vas avanzando en el subrayado, va chorreando por debajo de la regla, cual sueño dorado de Chicago Boy.



En definitiva, una MIERDA.

A estas alturas del estudio, tu cerebro, hay que reconocerlo, ya no está funcionando al 100%, sino que es como una masa amorfa de palabras en Spanglish y piensas: este libro es mío. Si lo destaco "suavecito" (weá que todos sabemos, NO existe) no va a pasar nada.

Y ya. Cagaste.

Te sientas al escritorio como con vergüenza, y tomas el destacador con cuidado, para no rallar tanto el libro, solamente lo "importante" y listo, onda TRES palabras claves por página MÁXIMO. Y como que te da cosa, ese primer contacto del amarillo fosforescente con la prístina página de tu libro es cuático. Y destacas UNA palabra, onda "bilateral". Ya.

Listo.



Te secas la transpiración y sapeas la página por detrás, para ver si se pasó (obvio que se pasó, la vida es una mierda) y consideras qué tan terrible es la situación de libro destacado con amarillo. Y a pocos días de verte enfrentada a tres exámenes semanales, la cagó que un libro destacado  a un promedio de tres palabras por página te parece muy poco terrible y quizás algo macabramente hermoso.

Y de repente, no te diste ni cuenta, y y el promedio de 3 palabras se convirtió en 1 parráfo, y de un párrafo, ya, se te soltaron las trenzas, te volviste loca, ya no pudiste ponerle freno a la weá, como que el destacador guía tu mano por las blancas páginas y la weá quedó así:



Pero puta que lo disfrustaste.

Seguro te sacas un 7.









viernes, 22 de mayo de 2015

Cuando cumples 30 y nadie te explicó cómo madurar

Hace exactamente o en verdad casi, a quién le importa, un mes, cumplí TREINTA años, conchalalora, soy una (se supone) adulta respetable pal pico, trátenme de señora y la weá.

ME CAGO.

Me parece que cumplir 30 es entrar a una edad de madurez y templanza absoluta que está bastante lejos de mi situación actual.

Yo me quedé en los 8 años para las cosas importantes de la vida, como Candy Crush Soda, en los 19 para la edad que según yo represento (qué pena) y en los 85 si a alguien se le ocurre sugerir que vaya a bailar a una discotheque, es decir, el día del pico en la tarde.

Cuando yo tenía 5 años, mi mamá tenía 30, de modo que me parecía entonces que la treintena era el zenit de la madurez y sabiduría emocional; que habría descubierto el sentido de la vida y tendría planificada toda mi adultez hasta el más mínimo detalle; que habría, finalmente, dominado absolutamente las capacidades que se requieren para la vida de persona adulta respetable, responsable y organizada.

Es más. Cuando tenía 14 años, juraba de guata que para los 30 iba a tener el pelo ondulado largo, usar crop-tops  con faldas largas, tener una cartera camel y dos hijas, con las que iría a misajesuita los domingos, ademas de un título en psicología y una consulta particular.

Expectativa


NO LE ACHUNTÉ A NI UNA WEÁ. 

Realidad




Tengo el pelo liso pal hoyo-NO largo y en mi vida lo he tenido ondulado (por qué pensé que eso sucedería con la edad es una excelente pregunta), no uso ni una weá de crop-tops con faldas largas (pero ahora que lo pienso, capaz que me compre), la cartera camel fue degradada para llevar las bolsas caqueras y los premios de los Bichos en sus paseos, tengo una Bicha y un Bicho que son unos salvajes y ninguna hija, en vez de misa jesuita tengo un blog que se llama “el fracaso del dios”, CERO título en psicología pero sí uno en derecho y ni una consulta particular de nada, aunque me pasé años en la de mi loquero, donde percibo que a lo menos me gané la mitad de un título en sanidad elemental.

Así que hoy, a un mes del aciago día en que cumplí TREINTA, me he pegado la cachada de que ninguna de todas las weás que pensé que iban a pasar  han sucedido y  he fracasado en mi camino hacia la adultez de variadas y colorientas maneras, lo que me llena de dudas existenciales pal pico de importantes.

He aquí un recuento (para que Ud. no cometa estos errores).

Mis fracasos pre-30

1. Todavía le tengo miedo a los baños públicos, así que, básicamente, me aguanto todo el día. Sí, ya sé, la gracia es balancearse sobre el wáter sin que te toque tus partes privadas, y créanme, soy seca pa la weá, tutos duros y todo, pero no sé cómo esa técnica implicaría que le perdería el miedo al baño público. Mientras me balanceo, estoy segura de que sabandijas infecciosas asquerosas están saltando hacia my precious y subiendo por mis zapatos y después, más encima, hay que tocar la manilla del baño para abrir la puerta, MANILLA QUE OTRA GENTE CON MEADO EN SUS MANOS HA TOCADO, y por mucho que me lave las manos después, esos bichos seguro no mueren fácil.



Ustedes pensarían que ya que comparto mi manzana con mis Bichos y sus babas, y soy la encargada de limpiarles el poto cuando les quedan mojones colgando por haberse tragado mis pelos, una simple habitación, en que seres humanos que no conozco,  mean, sería un paseo por la playa.

ERROR.

En volada que no entiendo cómo la gente puede ir feliz por la vida yendo a todos los baños públicos que se encuentra por el camino, si las weás siempre huelen a colon irritable y enfermado. ¿Qué voy a hacer cuando tenga hijos meones que NECESITEN ir al baño en un restaurante? ME CAGO.

2. Cuando miraba hacia mi futuro de adulta estaba pal hoyo segura de que a los 30 años habría dominado el puto “contouring” y sabría hacerlo, pero la realidad es que qué chucha es el contouring y cómo se hace, sepa moya.

Y aunque mi Pinterest está lleno de tablas, explicaciones, y dibujos de cómo se hace, ni siquiera soy capaz de comprarme las pinturas que necesito, porque no sé cuál es “mi tono”, y si mis venas son verdes o azules o moradas, SON DE TODOS LOS COLORES, como ese vestido satánico que cambió el mundo. Y ni cagando sé tampoco cuáles pinceles necesito y los tres tipos de no sé qué que hay que comprar, ES MUY DIFÍCIL. Para mi, rimmel y rouge y estoy lista, delinearme los ojos ya me parece un desafío  monumental.

3. Por alguna razón que ni siquiera vislumbro, yo pensaba que cuando tuviera 30 años habría desarrollado una rutina de gimnasio pal hoyo de brígida e iba a ser deportista y dura, con los abdominales de Britney y todo, pero, eh, no.

La INTENCIÓN de hacer deporte pal pico que existe. Tengo marcados en Pinterest como mil videos de yoga de los cuales he hecho y visto, eh, DOS. A principios de enero, me compré en Amazon una mierda para ponerme el ipod para salir a correr escuchando música...

NO HE SALIDO NUNCA.

Primero, estaba esperando un clima más cálido, pero ahora, estoy esperando un clima más frío. La vida no es fácil, ok?

4. Por último, mi cerebro como que se quedó pegado en una época de colores sicodélicos y brillantes. De verdad que hubo un momento de mi vida en que parecía que me iba a convertir en una mujer seria y respetable, que ni cagando se gastaría 5 lucas para comprar más restaurantes en un juego que bajó para el Ipad  y que se encandilaría a la menor provocación con los colores brillosos de Candy Crush Soda cuando creía que Candy Crush era una etapa totalmente superada gracias a mi inminente madurez (es más hermoso que el primero, ya?) y la ilusión de tener un restaurante en Cooking Fever.

Qué pena.


Porque como soy grande ahora y nadie me manda ni me pone anotaciones negativas en el libro de clases (weá que por alguna razón me parecía aterrorizante), me paso todo el día jugando a alguno de los dos y Cooking Fever, conchamimadre, es la weá más hermosa del mundo y no puedo NO PUEDO parar de jugar.

Porque todavía tengo 4 años y me sé Frozen de memoria, la Sirenita es la mejor película del mundo y Frozen es la segunda mejor porque las peliculas Disney son para siempre, y me voy a casar con Benedict Cumberbatch, o, en su defecto, con Kit Harrington - you know nothing Jon Snow, o en su defecto, con Dan Stevens, o, en su defecto, con Ian Sommerhalder, o, en su defecto, con Alexander Skarsgard, porque estoy segura de que son mis almas gemelas y estamos destinados a ser felices para siempre.

Supongo que a los 40 ya habré descubierto cómo ser adulta. Por mientras, se viene Frozen 2, mi comida favorita son los Skittles y las gomitas de oso, y me da risa la palabra “pene”.