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martes, 31 de mayo de 2016

Amigas en Conserva


Somos unas pocas las afortunadas que conservamos amigas desde nuestra época de colegio. Es una hazaña pal pico, porque significa, en mi caso, que de los 31 años que llevas en este planeta, estas weonas te conocen por 17, o sea, hai vivido más años siendo amigas de ellas que no siendo, weá que cuando la pienso, me da como un soponcio de lo viejas que estamos (pero minísimas, no vayan a pensar lo contrario)

En mi caso, a falta de una, son como 9 o 10 y aunque no las veo nunca porque viven en Chile y yo no, tenemos un grupo de whatsapp por el que nos mantenemos informadas y ellas sacan pica porque se juntan, toman vino, comen rico, gritan, y yo no estoy. MALDITAS.

Cualquier sujeto ignorante del fenómeno "somos amigas desde séptimo básico" va a creer que, en realidad, las 9 y yo no somos amigas. "Oye" dijo el sapo, "es que son demasiado distintas! No tienen nada que ver".

BUENO.

OBVIAMENTE, somos demasiado distintas, porque, eh, no sé, nos hicimos amigas cuando éramos unas espinilludas frenilludas que compraban aros y cinturones elásticos en la feria de Vitacura y veíamos Dawson´s Creek, y la gente, sorpresa, CAMBIA, sobre todo en ese periodo conocido como "adolescencia", seguido de "adulto joven" hasta el actual de "estamos hechas mierda".

Es decir, si en algún momento de la vida nos gustó la misma música, fuimos a la misma misa y quizás hasta votamos por los mismos candidatos, ahora, básicamente, no nos parecemos en nada, unas católicas de misa de domingo, otras más o menos católicas, otras ateas, otras más o menos, otras no saben, otras ya no quieren hablar de política, la otra está casi que se inscribe en un partido, le tenemos de todo y para todos los gustos y, a mucha honra, seguimos siendo amigas.

¿Por qué? pregunta el incauto.

Ustedes tienen que entender que cuando eres mujer en colegio de monjas, nada nunca jamás podrá romper la amistad con esas pobres weonas que te soportaron (y que tú soportaste) cuando la revolución de hormonas te tenía convertida en Chuqui, porque no hay nada más conchudo que una adolescente aroeperla con uniforme y medallita de la virgen. Éramos tan pero tan culiadas mal genio y burras, que cuando tratamos de jugar pictionary, terminamos todas peleadas porque NO PUDIMOS PONERNOS DE ACUERDO EN UNA EXCEPCIÓN A UNA DE LAS REGLAS. Esa volada. Intolerables las weonas y, además, enfermas de gritonas.

Estas mismas sujetas fueron con las que te comiste todo lo que te pusieron por delante en las más diversas ocasiones, como escondidas en una salita con estufa secreta en el colegio, pero, especialmente, en las reuniones de confirmación, en que había que reflexionar y la weá, pero, en realidad, nosotros nos comimos hasta la Biblia (seguramente, por eso se me ocurrió la brillante idea de confirmarme).

Estas mismas sujetas, ya adultas respetables (o más o menos, en mi caso) fueron las mismas con las que fuiste a la fiesta de octavo, con unos vestidos y peinados más antiestéticos que la conchamimadre, te dan ganas de llorar cuando veís la foto, situación que desearíamos fuera distinta en la fiesta de IV medio, pero todos sabemos que la moda a principios del dos mil salió directo del infierno. Y todas y cada una de nosotras tenemos las fotos estas en que salimos como la mierda, bien guardadas, y sale, que una se descuida, y te las encontrai en Facebook.

Estas son las adolescentes chillonas con las que compraste tu primer támpax (y weón, la que se atrevía a usar támpax en esa época era como un súper héroe), fuiste a la primera fiesta macabra de colegio, discutiste las virtudes de las distintas marcas de toalla higiénica hasta el cansancio (las mejores: always, con alas y delgadas, todo el mundo lo sabe), y pelaste hasta que te dieron puntadas. Estas son las mismas a las que hacíai caminar detrás tuyo cuando estabai con la ruler para que pasando piola, te informara si habíai tenido un accidente. No había ni que decirles, te comunicabai puro mirándote no más.

Paso 1

Paso 2. Pasando súper piola



Y, obvio, algunas cosas cambian. Ni cagando vamos a bailar  y nos vemos mucho menos que durante ese hermoso periodo de nuestras vidas en que nos veíamos todos los días, desde las 8 de la mañana hasta las 4 de la tarde, y, sorprendentemente, no nos intentamos matar las unas a las otras. Pero estas son las mismas a las que les mandai un whatsapp preguntándoles qué mierda hacer si te sacaste la cresta por la escalera durante tu primer trimestre de embarazo, que dónde chucha hay que hacerse la depilación láser y quién se la ha hecho y si le han salido los pelos de nuevo, a las que les reenviai la foto de fulanita de facebook pa reírse de ella, y las mismas que te van a hostigar con consejos, solicitados y no solicitados, nos da igual, si la polera es fea, CAGASTE.

Y cuando nos juntemos, unas con niños, otras con perros, otras con fetos, vamos a tener las mismas peleas, pero ahora sobre el helado que hay que comprarle a los niños, porque unas no quieren que tenga azúcar, a otras les da lo mismo, otras ni tienen niños y se van a comer los helados ellas, y después, en la juntación, vamos a gritar como enfermas, escuchar básicamente como un 40% de las conversaciones porque ese otro 60% te la vai a pasar tragando y gritando encima de las conversaciones de las otras, y después  te vai a la casa y hay que contar todo de nuevo por whatsapp, porque nadie entendió nada.



O sea, al final, estas weonas te han visto en todas y tú a ellas, con los pelos rebalsándose de los calcetines de colegio porque el día del horto te ibai a depilar antes del viernes, y aún así, quieren ser tus amigas, y para eso da igual si te gusta Arjona o vai al Lollapelusa. Somos todas igual de penosas que siempre.


lunes, 9 de mayo de 2016

Segundo trimestre o me tragué un aeropuerto


Me dijeron que el segundo trimestre era HERMOSO. Que era lejos la mejor parte del embarazo, porque tenías una guata enana no horrible, glow hermoso, energía alta, soy la diosa del universo.

EH NO.

El segundo trimestre es SIN DUDA mejor que el primero, pero eso es porque el primero es como que te hubiera atropellado Terminator.

Ya cerca al quinto mes de embarazo, figuraba yo LLENA de espinillas que en MI PUTA VIDA había tenido antes, o sea,  una culiada muy refea. Más encima, en vez de tener una digna guata de embarazada, de esas que hacen que terceros te sonrían en la calle por el milagro de vida que llevas dentro, parecía que me había tragado un taco gigante para el almuerzo, o sea, parecía una guatona de mierda normal, y no una guatona de mierda embarazada a la que hay que darle el asiento en el metro (aunque ahora que tengo guata de verdad, y siento que mi obligo va a salir disparado y va a golpear al pobre sujeto que se encuentre azarosamente al frente mío,  igual no te dan el asiento en el metro porque la gente acá es como el gran pico, salvo las mujeres como de la edad de uno, que son las ÚNICAS que se paran a preguntarte si quieres depositar tu humanidad elefantíasaca en la silla tiesa del metro).


Este, además, es el trimestre en que te enteras del sexo de tu criatura. Ya. Acá seguro la respuesta políticamente correcta que hay que dar es "no me importa lo que sea, sólo que venga sano" y después sonreír beatíficamente, porque la presión social sobre las mujeres para actuar como que el embarazo es un estado beatífico hermoso que uno no puede más que amar sobre todas las cosas, so-pena que te califiquen de mala madre, censura toda expresión que no sea "Ay, qué rico, el embarazo, todo, todo, es maravilloso," como si decir que en realidad, es más o menos no más, tiene cosas buenas (en realidad, UNA cosa buena, que es la guagua que te llega al final de los 9 meses, porque si no fuera por eso, créanme que nadie sería tan pero tan pelotudo de embarazarse)  y malas, fuera evidencia irrefutable de que vai a odiar al enano pendenciero que viene en camino y que eres una malagradecida, como si tú no hubierai voluntariamente elegido tenerlo y como si estar agradecida de las cosas en la vida implicara no poder quejarse de ellas. QUÉ LATA. Quejarse es mi pasatiempo preferido, para eso me hice un blog y todo.

Pero, bueno, ustedes saben,  yo estoy MUY lejos de la beatitud, y el día del pico pensaba todo eso, sino que pensaba lo siguiente: "Uno, ojalá que sea sano. Diez, por favorcito que no se parezca a la hermana de Marido. (Mentira. Marido no tiene hermanas. Pero ni cagando puedo identificar acá a los parientes a los que me estoy refiriendo, ni siquiera a qué lado de la familia pertenecen) (A ambas.) (No digan nada) Once. Ojalá no saque mi carácter culiado. Doce. Que sea mujer". O sea, tenía PREFERENCIAS claras y ordenadas de acuerdo a su importancia, ¿ya? Pero todo el mundo te dice nooooo, da lo mismo, no importa lo que sea, te va a dar lo mismo, cuando lo veas en la ecografía te va a dar tanta emoción que hombre o mujer, da igual.

Sin embargo, toda esta gente ni cagando tiene una compresión acabada de la maldad que llevo adentro. (Y además, no han visto la película "Tenemos que hablar sobre Kevin", pero de eso les cuento después).

Bueno. La cosa es que voy a la ecografía y la guagua no está POR NINGUNA parte porque anda enojada la mardita y escondida quizás dónde, NO SE VE en la pantalla, no la pueden medir, NADA, lo que obviamente termina en consecuencias nefastas para mí, su santa madre (o sea, ecografía transvaginal, que a los 4 meses y medio de embarazo me parece un insulto GRAVE). Conclusión: la weá del carácter se fue a la chucha, claramente es idiota como yo.

Cuando la criatura ya se digna aparecer en la pantalla, moviéndose como enferma porque está enojada por razones totalmente misteriosas, porque, como ya les dije, resulta que es idiota como yo, resulta que está sana, estamos más felices que perro comiendo tocino. Y luego... chán chán aparecen unos cocos enanos y sale que ES HOMBRE. Y la técnica de la ecografía como YAY, IT'S A BOOOOY! Y yo como ...

...

...

...

... Esperando que me bajara la weá esa de "no importaaaaaaaaaa está sano, el embarazo es hermosooooo". Pero sólo pensaba: yo quería niñita primero, esto de tener un hombre me da más miedo que la chucha".

Y lo siento, pero la emoción de verlo en la ecografía (sí, se veía muy tierno, con unas manos muy ridículas) NI CAGANDO hizo que me diera cien por ciento lo mismo que fuera hombre y no mujer. Esto es como que queraí un perro, cualquier perro, pero preferís un bulldog que un poodle, y te llega un poodle. Ya. Obviamente veís al poodle weón blanco y lo amaí, no podís más, es HERMOSO, con sus ojos redondos y todo. Y sí, antes de que el patriarcado se alce en indignación chillando que soy mala madre y debo morir en la hoguera, obvio que lo querís igual que al bulldog, que es emocionante pal hoyo y que en verdad en verdad da lo mismo, porque es un perro al fin y al cabo, y todos los perros son hermosos como ángeles caídos del cielo y la weá. Pero cuando te dicen que en vez de un bulldog te van a dar un poodle, y voh tenís las hormonas revolucionadas por el embarazo, te da como un nervio gigante, porque en mi vida he tenido poodles, no sé cómo cortarles el pelo, qué comida les gusta, NADA, he crecido rodeada de bulldogs y los poodles son un misterio para mí , y si me siento poco capacitada para criar un ser humano, criar un hombre y que no resulte un psicópata me parece, a veces, una tarea MONUMENTAL. (Otras veces, veo a toda la gente loca que me rodea y que ha tenido hijos que son mis amigos, y pienso que no puede ser tan difícil si a ellos les ha salido bien. Las hormonas, ok?)

Y ahora, conchamimadre, perdón, digo, Dios Mío santo, os exhorto a vosotros en la forma más respetuosa y menos pichulera de grandísima elegancia a  tener una conversación sobre el señorito Kevin, sin decir palabras soeces para que mi papá no me llame para gritarme cada vez que publico algo en el blog.

Primero, no sean taradas como yo, no vean la mierda de película cuando están embarazadas. A  mí nadie me advirtió de esta weá.

(Voy a contar la película. Si no la han visto y la quieren ver, no lean porque se las voy a cagar).

Segundo, me cago en tres tiempos. Porque la película es de una weona embarazada de su primer hijo HOMBRE y va a yoga prenatal y encuentra que todos los cantos místicos, la meditación eterna del final, y todo esta estupidez de hablar de "baby" y no de "THE baby" es para sacarse los ojos. O sea, se parece un poco a mí.

Y luego, resulta que tiene a este, su primer hijo, Kevin y Kevin  es el weón más malo del universo, un psicópata DE VERDAD, que 1) le saca un ojo a su hermana menor A PROPÓSITO, 2) mata a no sé cuántos niños en su high school a FLECHAZOS, 3) además mata a su papá y a su hermana, también a flechazos. ME CAGO. Y es una película, pero mi imaginación es infinita y ya me empieza a dar miedo que yo también lleve un Kevin adentro, ¿me captan? Y la cagó que el embarazo es una etapa maravillosa capaz de despertar las más curiosas y repentinas ansiedades, entre las cuales, obviamente, está el aterrorizarte porque puedes llevar al próximo psicópata de Viña en tu vientre.

Hasta el momento, mis cosas favoritas del segundo trimestre de embarazo son:
1. El guaguo ya se supone que escucha (esto, a partir de la 20 semana) así que tengo una GRAN excusa para cantar todo el día y Marido no puede decir NADA, pero NADA, porque le estoy cantando a la criatura en gestación.
2. Puedo ir al supermercado, comprar unas galletas weonas que solo me gustan a mí, volver y decirle a Marido más seria que la mierda "El guaguo compró estas galletas". HERMOSO. El guaguo necesita comprar muchísimas galletas.
3. Mi nuevo pasatiempo favorito es decirle a los perros (aka los insectos chupasangres) miren!!! Acá adentro vive su hermano, y los weones miran y me ponen sus patas ridículas en la guata y mueven sus colas de emoción.
4. Ahora tengo como un despertador interno que me avisa en código morse de patadas a mi ombligo (que, a propósito, está deforme, y me da arcadas) cuándo tengo hambre y cuándo la comida ingerida es aprobada. TIERNO. Ni que se me fuera a olvidar alimentarlo. En esto, hay que decirlo, salió al padre.